Dani Mateo y la bandera de España

Dani Mateo la ha liado muy parda sonándose una gran mocada irreverente con la bandera de España. Ultraje, que llaman algunos. “Un traje”, que diría Camps. Confieso que escribir sobre este tema me daba pavor dado lo revueltas que bajan las aguas, pero acabé sintiendo más miedo al propio miedo a expresarme. ¡Al ataquerrr!

Lo primero, me sorprende que algo así pueda llegar a indignar tanto. También comprendo que lo haga. Soy un hombre contradictorio, como la mirada de “El Dioni” o un pago en diferido. Hay cosas que no se tocan. Dani Mateo, tócame a dos manos mis ahorros, mi futuro, mi libertad… Eso sí, no me toques las banderas, por no decir los… símbolos. ¡Que los tengo muy gordos!

Una franja amarilla y dos rojas (sí, rojas). Esa bandera representa nuestro pasado, presente y futuro. Un futuro que será ayer. Alucinaremos con arañas voladoras, celadores robots y pantalones que retendrán el olor de los pedos (no es broma, los inventaron el otro día). Pero también repararemos, éxtasis “mediamarkianos” a un lado, en que los pijamas de botones seguirán a la vanguardia de la moda para no despertar de las siestas históricas. Sentiremos, intuyo, una sensación muy Kubrick. Borboritaremos, que no orbitaremos, dentro de una nave espacial cuyo salpicadero desprenderá naftalina mientras una pegatina reza “no corras, papá”.

Los gags de humor se tendrían que quedar en nada, por muy desafortunados que sean. El pájaro azul debería quitarse la toga y soltar el hacha de verdugo. En Twitter las formas acostumbran a ser exquisitas:

“Puto payaso que asco das. Lárgate de aquí si tanto odias nuestra bandera puto parásito”.

Esto quiere decir “no me ha gustado tu gag. Aun así voy a seguir con mi vida. A ver si llego a fin de mes con 700 euros”.